lunes, 12 de mayo de 2008
De Vuelta a La Situación
He vuelto a beberme mis maldiciones, esta vez no con nostalgias pesadas, ni guerras siendo peleadas.
Esta vez, he vuelto al infierno a celebrar mi falta de levedad.
No, no tengo la conciencia limpia,
No, no tengo el alma en paz,
No, no tengo el corazon blanco,
No, no tengo ganas de volar.
Si, carezco de perdones,
Si, reconozco mis errores,
Si, pateo lo que estorba
y no, no me siento mal.
Ya que más queda sino quererme, quererme mientras devengo libertad.
lunes, 28 de abril de 2008
domingo, 27 de abril de 2008
Mis letras caprichosas me reclaman que no lleguen a ti.
Les explico que hay lugares a los que no se puede entrar sin invitación.
Me reprochan: ni ellas ni yo hemos necesitado invitaciones para invadir el mundo.
Sonrió, una de esas sonrisas que ellas, tu y yo sabemos lo que significan.
De repente dejan de existir,
De repente dejó de existir
De repente dejas de existir.
[Febrero]
Susana. La calle. El ruido de los carros que no lograba turbar su caminar. Sí, ella siempre tan altiva, con un encanto un tanto heredado, un tanto falso, un tanto de todo y de nada. Indescifrable ella. Como cargar con un signo de interrogación nunca fue fácil para una mujer, ella se logra esconder tras cientos de maneras, se logra camuflar. Navega y navega, es toda una artista en el arte de ser quien quiera ser. ¿Quién no quisiera un trozo de Susana? Consuelos, consuelos de tontos gritan a lo lejos. Hay que devenir Susana, muchísimas Susanas.
Gregorio. En la esquina, con audífonos. La música que lo volvía imperturbable. La melodía tarareable de Françoise Hardy que lo hacia sonreír. Radiante él, siempre con el apunte perfecto. Aquella enciclopedia a la que se acude cuando se busca la palabra exacta en el momento no indicado, para así sonreír indiscriminadamente ante la inteligencia virgen. Y allí está Gregorio, pero nadie se atreve a tocarlo. Hay animales dormidos que es preferible no despertar, por miedo o por respeto, por simple precaución. Hay animales dormidos que son mejores en sus sueños.
Ana. Bajando del taxi. Pagando una carrera mínima, pues odia caminar. “el camino- dice ella- se hizo para aquellos que tienen tiempo de andarlo. Yo estoy corriendo, siempre, pero contra el incesante peso del tiempo”. Ama a Dalí, siempre lleva una foto de Salvador, su gato, en la agenda. Revisa su reloj, mujer que pelea con el tiempo, y caminar con prisa. En sus brazos algunos papeles, un abrigo, una sombrilla, el control de su vida. Se le ven inmensos agujeros en sus deseos, en su vida. Las polillas han logrado entrar hasta su cama y roerle la calma, han logrado hacerla vulnerable desde adentro. Una gran onda siempre tiene su epicentro en algún punto de su estomago, y se va transmitiendo desde adentro, siempre, siempre desde adentro, y cuando llega a la piel, es que Ana, suspira.
Pablo. Sentado en el café. Leyendo la carta de postres. Sonríe, sonríe con la inmensa alegría que da la ingenuidad. No tiene hambre, de nada: de conocimiento, de amor, de poder. Pablo nunca tiene hambre, a menos que sean las 12 del día, y su madre e invite a almorzar una deliciosa sopa. Él tan solo se alimenta de aquellas simples cosas que le pueden traer pequeñas alegrías, una gotita de lluvia resbalando en la ventana, una mosquita zumbando en su oído, una nubecita dibujada en la carta de los postres. Que bella ingenuidad Pablo, sigue así, el mundo siempre logra corromper cualquier destello de simplicidad, cualquier destello de sentirnos llenos. ¿Qué postre iras a ordenar?
Y ahora, tengo cuatro personas mirándome. Preguntándome desde diferentes espacios ¿Qué voy a hacer con ellas? Siempre las ideas me llegan hasta aquí. Hasta este punto en que cualquier buena historia me señala y me refuta ser contada, y corre muy, muy rápido, y yo no sé correr. Y ahora, tengo cuatro personas.
sábado, 26 de abril de 2008
Era hora de escribir. Se sentía en la atmósfera llena de carbón y nitrógeno que no cambia mas que letras en este aire, que quisiera fuera compartido.
Y es difícil confesar que, sigo sola. Un día mas, una hora mas, por un minuto mas, y aun así, se que no estaría mejor. Sólo tal vez contigo pero es una duda disipada que no quiero lograr alcanzar, no quiero analizarla para no hacer de esta soledad un producto de lagrimas.
Casualmente cayó una gota en el vaso, que cargaba todo aquel vino. Sin pensarlo se hecho a llorar. Momento melancólico. No más letras, no mas pensamientos. Que será de mi sin un tu, de un tu sin un yo. De nosotros separados. Eso es lo que tanto intentabas experimentar, y fácilmente lo lograste.
Que pasa con esta sal, que cargo. Se ha cansado de llenarme los ojos de ardientes pasiones.
Oye son solo preguntas especificas. Nada de filosofía, nada de literatura, sólo yo y ellas, constantes. Influenciables, volátiles, moldeables, tenaces. Son ellas, quienes me poseen, más que tu, más que nadie, soy yo quien las domino…aunque eso todavía no es seguro.
Lastimosamente llegan estas palabras en momentos tan crueles, porque son reales. La realidad es cruel, es brutal… es lo que escogemos. Y en este punto no caen lágrimas, en este punto estoy inundada de pequeños anhelos mojados de agua de mar, que naufragan por todo mi pensamiento, por todo mi ser, odio esos anhelos. Esos anhelos son mis perdición… siempre lo supe desde que vi cielo entre las nubes, y solo tu sabes de que hablo.
Y ahora que hago contigo? Esa es mi eterna pregunta, suelo respondérmela constantemente con inclinaciones algo mágicas, porque lo que quiero hacer contigo es llevarte lejos, y meterte en un castillo, y poder visitarte de vez en cuando, no se si cuando te ame más, o cuando la soledad golpee fuerte esta rutina. No sé, irónico, inclemente, pesada incertidumbre.
[Aquellas noches en que la soledad pega más duro]
PORQUE HAY QUE VIVIR EN EL SUELO
Hay que vivir en el suelo, porque de esta manera lograremos hacernos más tierra que aire. Hay que vivir en el suelo porque así, caminando por la circunferencia de esta existencia, es que hacemos parte de ella. Porque en el suelo existimos, en el suelo soñamos, en el suelo amamos, porque es el suelo quien te permite impulsarte para salir a volar de vez en cuando. Pero debemos caer fulminantes contra él eventualmente, para así darnos cuenta que es el suelo, quien nos mantiene, y es el suelo a donde vamos. No más cielos habitables, no más atmosfera amoblada, no más esperanzas en vivir arriba, porque abajo es desde donde estamos. Porque cuando se esta abajo, arriba se ve el infinito.